domingo, 15 de abril de 2007

¿Busca la felicidad?

Este fin de semana la revista EP[S] publicó un artículo muy interesante sobre la felicidad. En el artículo, que está muy bien documentado, se analizan los factores que pueden pensarse que ayudan a contribuir a la felicidad: desde el dinero o el sexo hasta la amistad o las drogas. Existen otras realidades:

Marcel vive en un poblado a unos 30 kilómetros al sur de Doba, en Chad, cuyas casas de adobe y techado de paja se elevan sobre terreno arcilloso. Sin agua corriente, sus habitantes se sirven de pozos muchas veces contaminados. Los niños suelen morir aquí de malaria, infecciones y diarreas. No hace mucho, las incursiones de los guerrilleros rebeldes o de los soldados del Gobierno les aterrorizaban. El sida (200.000 infectados en Chad) se llevó en Doba la vida de una de las hijas de Marcel antes de cumplir 30 años. Fue un golpe tremendo, y encima tuvo que convencer a las gentes del pueblo, una cincuentena, de que su hija no murió envenenada ni asesinada. No tendría sentido preguntarle a este hombre si es feliz. Ni a él, ni a muchos otros como él. "Desde luego te responden que no. Pero cuando convives con ellos, te das cuenta de que disfrutan las cosas y que aprecian los momentos mucho mejor que nosotros".

Robert Lane, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale (Estados Unidos), señala que la escasez (o la percepción que de ella se tiene) es un condicionante importante de la felicidad. "En países pobres, tener más amistades no aporta mucho a la felicidad. El dinero, en cambio, sí que contribuye". Parece una conclusión obvia, pero la felicidad está rodeada de factores muy arbitrarios.

Los factores que se resumen a continuación aparecen ligados a encuestas que miden la felicidad de los países mediante escalas de satisfacción. Chad y la mayoría de los países africanos no aparecen, y cuando lo hacen se colocan siempre en el furgón de cola (caso de Tanzania y Zimbabue, el más infeliz del mundo). Pero Occidente también sorprende.

Prosperidad económica. Robert Lane es el autor de la obra Loss of happiness in market democracies (La pérdida de la felicidad en las democracias de mercado, en español), que cuestiona el tópico de que la prosperidad trae siempre más felicidad: una vez traspasada la línea de la pobreza, esta cuestión ya no está tan clara. Sus puntos de vista lanzan una mirada escéptica, quizá pesimista, por la que el orgulloso capitalista mira su obra y descubre grietas inesperadas. ¿Es la gente de los países ricos más feliz ahora que antes? Miles de encuestas escupen una conclusión sorprendente. Desde 1948 hasta 1970, los sueldos de los norteamericanos se duplicaron, pero los estudios no demostraron que por ello son ahora más felices. Dos apuntes de última hora: los japoneses han visto sus sueldos quintuplicados entre 1958 y 1987, pero su felicidad no ha aumentado, según un artículo publicado en Science (de hecho, Japón figura entre los países más infelices del planeta respecto a su renta: ¡en el puesto número 90!).

En realidad, la felicidad se nos escapa entre los dedos. ¿Somos felices si tenemos un buen día o un momento de euforia, o quizá preferimos una vida feliz a largo plazo? Puede que las tres cosas. ¿considera que su vida es poco feliz, moderadamente feliz o muy feliz?, o ¿si tuviera que situar su vida en una escala de felicidad del 1 al 10, qué valor elegiría? En este campeonato, Dinamarca figura como el lugar donde vive la gente más feliz del mundo. España comparte, junto con Italia y Chipre, los puestos entre el 26 y el 28 (un rango mediano, aunque otras estimaciones nos bajan al puesto 46).

Sexo. Sin duda, resulta placentero, pero la forma en que lo percibimos cambia. Para la historiadora Jennifer Michael Hecht, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, "las cosas que nos hacen ahora felices no son las mismas que en el pasado, y cambiarán en el futuro", explica a EPS. Hecht es la autora de un libro, The happiness myth (El mito de la felicidad), que se publica este mismo mes en EE UU. "Estar feliz consiste en creer y sentirse parte de tu cultura. Pero la cultura es algo muy arbitrario", advierte. El sexo representa para ella un ejemplo perfecto.

Lo que proyecta el sexo en el público ha cambiado. Como buena neoyorquina, Hecht se acoge a las estadísticas y rompe tópicos. En Estados Unidos, por ejemplo, resulta sorprendente comprobar que el rango de una vida sexual normal oscila entre dos coitos a la semana, y dos, o incluso un solo acto sexual, al mes. "En América, si alguien se acuesta con mucha gente, se considera que tiene problemas".

Drogas. Nuestra percepción ha cambiado. Lo que ahora nos perjudica, antes se recetaba. "El opio y la heroína no son muy distintos de los psicofármacos modernos, excepto en los efectos secundarios (un placer súbito y confusión)", dice Hecht, refiriéndose a antidepresivos tan populares hoy día como el Prozac o el Lexapro.

Los ejemplos se suceden, explica este experto: el láudano del doctor británico Thomas Sydenham, nacido en 1624 en Dorset (Reino Unido) en el seno de una familia puritana, contenía opio, elemento indispensable. O la cocaína. "Se empleó pura contra la tos, y añadida a otros principios activos para el mismo uso. Yo tengo algunas cajas de mentol-cocaína en las que se dice que se pueden usar hasta 12 veces sin peligro", dice Puerto. "Al parecer, Freud utilizó cocaína para deshabituar a un morfinómano. Lo consiguió y lo transformó en un cocainómano". La heroína fue comercializada por la farmacéutica Bayer en 1898 como un remedio sedante contra la tos tuberculosa, y al año siguiente la compañía estaba produciendo una tonelada anual y exportaba a 23 países. Por entonces surgieron tabletas de heroína, jarabes, sales que contenían la droga y hasta un elixir que la mezclaba con glicerina.

"En los estudios, el componente genético de la felicidad oscila entre un 20% y un 50%, y está claro que predispone a algunos a ser más felices que otros", indica Ruut Veenhoven. "Sin embargo, no creo que este componente explique las diferencias que hay entre las naciones". Bután podría ser un ejemplo enigmático. En el ranking elaborado por el psicólogo británico Adrian G. White, de la Universidad de Leicester, este pequeño país de la región del Himalaya está en el puesto número ocho (España, según este ranking, ocupa el 46, recordémoslo). ¡A pesar de tener una renta per cápita de 1.200 dólares y una esperanza de vida de 55 años! Y no es algo nuevo. El propio rey de Bután declaró en 1972 que la riqueza de los países no debía medirse por su economía, sino por su producto nacional de felicidad (en vez del producto nacional bruto).

El llamado punto de retorno postula que cada persona tiene un índice concreto de felicidad más o menos fijo y que las circunstancias de la vida influyen relativamente poco, de forma que, después de un traspié o un golpe de fortuna, tendemos a volver a ese punto de felicidad, como si nuestra vida siguiera un movimiento pendular: tarde o temprano, el péndulo se quedará quieto. Eso explicaría muchos hechos observables: por ejemplo, que los más adinerados no son mucho más felices que la clase media.

Richard E. Lucas, de la Universidad Estatal de Michigan, ha desafiado este punto de vista con un nuevo estudio que publica en la revista Current Directions in Psychological Science. Se trata de dos encuestas realizadas en Alemania y el Reino Unido (40.000 alemanes a lo largo de 21 años y 27.000 británicos durante 14 años) capaces de capturar lo que llamamos niveles de satisfacción antes y después de un acontecimiento traumático. Los hallazgos podrían resumirse así: por término medio, la gente se adapta al matrimonio dos años después de casarse. Es entonces cuando los niveles de satisfacción descienden a los que había antes de casarse. El tiempo para adaptarse a la pérdida de un esposo o una esposa es de unos siete años. Contrariamente a lo que se pensaba, los divorciados no retornan a los niveles previos de felicidad cuando estaban casados.

En otras palabras, nunca se recuperan. Lo mismo se puede decir de las personas que pierden un empleo. Las enfermedades y heridas graves sí tienen un impacto duradero y no temporal en la felicidad de la persona; en cuanto al ánimo, uno ya no vuelve a ser el mismo. Aunque cada uno lo lleva como puede o mejor dicho como quiere.

Solo se vive una vez ¿Te sientes feliz?